| Resumen Ejecutivo I Foro DH |
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Es imprescindible que una organización tenga definido sus valores y unas conductas para cada uno de los mismos. Pero no solo basta con definirlos. Estos deben ser observables y constatables. Actualmente la mayoría de organizaciones presentan las siguientes características respecto a sus valores; No son conocidos, no son compartidos, no están vinculados a la operativa diaria, no intervienen en la evaluación del desempeño, suelen estar mediatizados por la interpretación personal del directivo, no existe un plan de desarrollo específico de mejora. En esta nueva era de gestión de Recursos Humanos los valores deben ser conocidos, compartidos y aceptados por todos, deben inspirar el como hacer las cosas, son parte integrante de la evaluación individual del desempeño, existe un sentir general, una visión global sobre los mismos y hay un plan de desarrollo por cada valor y persona. Además de la definición y aplicación practica de los valores en la organización según el anterior párrafo, los directivos deben trabajar en sus valores y motivos en relación con lo que requiere la organización. Los valores y motivos de un directivo constituyen la energía principal que impulsa, selecciona y dirige los comportamientos del directivo. Si existe gran divergencia entre los valores y motivos del directivo con los de la organización, acabará produciéndose situaciones conflictivas que pueden derivar en el fracaso de la estrategia, en el cumplimiento de los objetivos y en el mejor de los casos en esta situación en la salida del directivo de la organización. El directivo debe saber entender en tal caso cuáles son los valores y motivos que le impulsan a hacer lo que hace. Por un lado, los valores son el conjunto de creencias conscientes desarrolladas a lo largo del tiempo a través de refuerzo social, los símbolos o resultados de la actividad. Predicen a corto plazo un comportamiento reactivo del directivo. Por otro lado, los motivos son preocupaciones no conscientes, desarrolladas a través del compromiso con actividades afectivas y satisfactorias. Predicen a largo plazo un comportamiento proactivo. Compentecias, órganos vitales para la empresa. Todas las competencias se pueden desarrollar mediante programas de formación y entrenamiento adecuado con mayor o menor esfuerzo dependiendo de la persona. Los rasgos personales, los valores y los motivos son más difíciles de identificar y requieren más esfuerzo para su desarrollo. El primer paso necesario en las empresas de la Región de Murcia es hacer que sus directivos sean conscientes de sus competencias e incompetencias en el ámbito organizativo. Según el IESE las competencias directivas más valoradas son: Orientación al Cliente Liderazgo Integridad Iniciativa Trabajo en Equipo Comunicación Visión de Negocio Mejora Personal Toma de decisiones Orientación interfuncional Las cuales pueden tener distintos significados en cada organización, por tal motivo el desarrollo de las competencias debe estar centrado en el ámbito interno de cada organización, si se quiere asegurar una correcta correlación con los resultados de negocio esperados. Ahora bien, hemos de contemplar que estas competencias deben vincularse con las emociones del directivo. Por tal motivo debemos ampliar al concepto de competencia emocional, entendida esta como la capacidad adquirida basada en la inteligencia emocional que da lugar a un desempeño laboral excelente. Las competencias emocionales implican cierto grado de dominio de los sentimientos y se agrupa en torno a cuatro grandes grupos:
Empatía: -Capacidad para captar sentimientos, necesidades e intereses ajenos- y compuesta por las siguientes competencias: Comprender a los demás, Ayudar a los demás a desarrollarse, Orientación hacia el servicio, Aprovechar la diversidad y Conciencia política. Habilidades sociales: -Capacidad para inducir en los otros la respuesta deseable- y compuesta por las siguientes competencias: Influencia, Comunicación, Gestión de conflictos, Liderazgo, Catalización del cambio, Establecimiento de vínculos, Colaboración y cooperación, así como habilidades de equipo. Es necesario el dominio por parte del directivo de al menos seis competencias y habilidades para poder obtener altos niveles de desempeño. El directivo será aun más eficaz si es capaz de desarrollar y dominar distintos grupos, por separado o de manera combinada, de competencias según las necesidades que su organización requiera en cada momento. Conclusiones.
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Los Valores, alma de la organización.